viernes, 22 de septiembre de 2017

Otra factura de la secesión ¿Digamelón?

Son muchos los ejercicios de imaginación que se han realizado sobre los posibles inconvenientes de una secesión en cuestiones más mundanas o cotidianas.

Sinceramente me parecen bastante gratuitos como si que el barça juegue en una liga u otra pudiera cambiar los ideales de una persona. Es adminitir que los planteamientos son meramente económicos y no sentimentales. No creo que tanto secesiotas como unionístas, en su mayoría, se muevan por cuestiones de rentabilidad monetaria sino de sentimentabilidad. Yo no estoy a favor de continuar con un proyecto común porque piense que me va a resultar económicamente rentable, sino porque lo siento así y me enorgullece pertenecer al mismo equipo a pesar de lo difícil que me lo pongan algunas veces. No obstante hay algunos detalles técnicos, colaterales si se quiere, en toda esta teoría del independentismo que no parecen ni haberse previsto o que tienen tan claro su inviabilidad que ni se lo han planteado. Como un ejercicio de imaginación de escenarios, tampoco está mal que se pueda plantear.


Por ejemplo: las líneas telefónicas. Todos los números de teléfono empiezan por un código nacional (+34) en el caso de España, aunque no lo veamos o no lo marquemos normalmente. Si el 2 de Octubre (o cuando sea), el gobierno catalán decide proclamarse como Estado Soberano Independiente y la operadoras lo dan por bueno, técnicamente los teléfonos del nuevo territorio serían líneas contratadas con empresas españolas operando en un país extracomunitario. Y aunque surjan delegaciones de las empresas telefónicas para el nuevo país, no será tan fácil crear un nuevo prefijo internacional y menos aún una normativa que ponga condiciones a una posible portabilidad internacional (que yo sepa no existe ni dentro de EU). Existe normativa nacional con unos plazos y condiciones muy claras, pero no con terceros países. Y al cambiar de prefijo internacional, no sería una portabilidad en sí, sino una nueva línea con un número (o al menos prefijo) nuevo.



A todo esto, las cláusulas de permanencia con la compañía española seguirían vigentes. Entre las indemnizaciones por cancelación de la permanencia y el tiempo que se pase con el roaning extracomunitario, con lo buena gente que son los de las operadoras, las factura puede ser tremenda. Y esto con lo teléfonos móviles está más o menos claro, pero los fijos sería el primer caso que conozco de líneas de cable operadas por una compañía extranjera.

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