viernes, 1 de junio de 2018

Querido Presi Mago:

Aprovecho la circunstancia del cambio de color en el ejecutivo, para expresar un viejo deseo: la igualdad de derechos democráticos entre conciudadanos. ¡No he dicho na!



Yo, en su día, abracé con bastante entusiasmo la aparición del movimiento del 15-M. Que su máximo responsable en el panorama nacional acabe siendo Iglesias y sus círculos, me ha vuelto a sumir en el pesimismo. Y es que alguna de las ideas que con fuerza hicieron surgir este movimiento, se han ido diluyendo con tal sutileza, que muchos ni lo han percibido. Aquello de que "no es izquierda ni derecha", completamente olvidado: somos izquierda y de los que más. Con orgullo y ahínco. Y a ver si nos hacemos hegemónicos en este expectoro.  Que me parece bien, oye, cuanta más izquierda,. mejor, pero ése no era el planteamiento.


Del tema de los políticos profesionales, que es un movimiento social, que está alejado de la "vieja política", la Casta.... Lo de vieja lo dirán porque no usaban twitter, por lo demás, y por desgracia, más de lo mismo. Partidocracia, mercadotecnia política y todos sus vomitivos derivados.

Uno de los objetivos principales del "cambio político", no era que cambiasen los políticos, que también, sino el sistema que los sustenta. No es una cuestión de caras o de ideologías. Y esto es importante, (mucho) y está muy por encima de aprobar o no un presupuesto o un decreto. Es hacer el sistema justo para que ningún partícipe de la democracia se sienta (y, sobre todo, esté) infra-representado. Es cambiar el paradigma para que la partidocracia se extinga o se ajuste a unas reglas de juego que no se refugien en la ambigüedad de los sistemas de representación, problema que va muchísimo más allá de la Ley D'Hondt. Y me explico:

Cuando votas a unas elecciones ¿A quién estas votando? ¿Al partido? ¿Al programa electoral? ¿Al candidato? En base a la legalidad, a la lista que el partido ha presentado para tu circunscripción provincial. Y será la suma de los diputados ganadores en cada una de las provincias, lo que dará el cómputo de diputados de un partido. ¿Están de alguna manera esos diputados trabajando para los electores de su provincia? En modo alguno. Después los elegidos tienen disciplina de voto con su partido aunque no por ley, según la cual cada representante tiene libertad de voto (se supone que representa a sus electores). Pero esto se hace conforme a sus reglamentos internos de cada partido que les atan a la obediencia acrítica. Por lo tanto, que la lista esté configurada por unos nombres u otros en tu provincia, puede que no tenga más que un valor estético o de declaración de intenciones, pero no tiene ninguna función ni repercusión real. Al igual que separar las papeletas del senado y del parlamento no tienen ningún sentido práctico. Y casi ni teórico.

Esto también genera el problema de los partidos supra-representados. Los que tienen sus votos concentrados en pocas provincias, alcanzan muy rápidamente un diputado, mientras que si esos votos los repartes entre distintas demarcaciones, en ninguna de ellas logra sacar ningún diputado. Esto ha supuesto una sobrerepresentación histórica de los partidos regionalistas sobre los que no lo son. Y una vez que son imprescindibles para cambiar las cosas, no lo van a permitir. Pero si somos justos y aspiramos a obtener una igualdad aunque sea en la representatividad política, algo que a priori debería ser el más básico de los principios democráticos, los que hoy son unos privilegiados, tendrán que dejar de serlo.

¿Quiere decir esto que los partidos regionalistas/nacionalista no tienen derecho a una representatividad? Por su puesto que sí, en igualdad de condiciones. Y cada territorio además tendría que estar proporcionalmente representado como valedor de la voluntad de sus ciudadanos.

Mi idea me parece demasiado obvia como para que no esté todos los días encima de la mesa: un Senado con poder y competencias propias y reales compuesto exclusivamente por senadores provinciales o regionales que respondan ante los gobiernos o diputaciones que representan, no ante sus partidos nacionales. Incluso que sean elegidos a la par que los gobiernos autonómicos, no en las elecciones generales. Un senado con un reglamento donde no exista la figura de los Grupos Políticos que hay en la actualidad como pasa en el parlamento, sino Grupo Territoriales, o grupos autonómicos, donde representantes de una misma región, con independencia de su ideología, estén condenados a entenderse y defender los intereses de sus representados, de sus jefes, que no son los jefes del partido, sino sus electores en su correspondiente demarcación, y responder ante ellos de su actividad. Algo que con la mentira de las "listas abiertas" no se ha logrado jamás.

Y un parlamento con menos poder y funciones, donde los partidos sean elegidos en circunscripción única, con una lista única e igual en todas las urnas de todo el país. Solo así, todos los españoles seremos iguales. Y solo así, las demandas regionales tendrán su propio representación, ponderada y desvinculada de los intereses ideológicos o de supuestos "derechos históricos", concepto nada progresista, por cierto. ¿Hay algo más rancio y conservador que reclamar derechos históricos? ¿Somos un grupo humano o una asociación de territorios? Además esta solución sería muchísimo más acorde con aquellos que alguna vez han planteado algo parecido a un estado federal En un parlamento así, solo los portavoces de cada grupo podría deliberar con el número de votos de su grupo, porque se ha elegido a una lista concreta con un partido y programa concreto, no un batiburrillo de listas provinciales, a individuos que luego no tienen libertad para actuar como tales. La disciplina de voto sería ineludible y forzada y no tendrían cabida tránsfugas que traicionan, no ya al partido, sino al votante que eligió su lista y programa, no a esa persona en concreto, a la cual seguramente desconoce por completo.

Esto sí sería el principio de un cambio. Despistarse de este objetivo absolutamente prioritario y de principios, creo que es de nuevo, el mismo perro con distinto collar. ¿Un español, un voto?  Tiene sentido

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