Apoyar causas justas o luchar contra lo que consideramos una injusticia es digno de admiración y hasta una alegría en un mundo oscuro. Pero lo fácil que resulta hacerlo simplemente a través de clicks y reenvío de mensajes cortos lo hace bastante sesgado y hasta contraproducente con la misma causa que se dice defender. Esto añadido a las cuentas que sólo quieren viralidad sin importar el contenido para bien o para mal, la saturación puede ser considerable.
La sociedad digital está muy encima de un caso de violación que está siendo juzgado en estos días, atacando a la defensa de los acusados y las posibilidades que el juez les haya podido otorgar. A pesar de ciertas sobras y oscuros recovecos que sí hay que mejorar, una justicia como la española (casi todas las occidentales) tiene algunas grandes ventajas y principios a los que no habría que renunciar por una visceralidad concreta. La más evidente y que en tantas películas y series nos recuerdan, es que todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, y una persona que es acusada de cualquier delito, tiene derecho a defenderse con todas las herramientas que tenga a su mano. Tanto es así que el acusado es el único actor con derecho a mentir en el proceso, derecho que no asiste ni a un testigo ni, por supuesto, a la acusación. Esto permite la otra máxima de la consabida expresión de ser culpable "más allá de toda dura razonable", se cumpla.
Con esas garantías (entre muchas otras) podemos tener la certeza de que se imputan los delitos a quienes de verdad los han cometido. Se nos podrán escapar los que sean indemostrables, pero ninguna persona inocente deberíamos cargar nunca con alguna pena por delitos no cometidos. Sin embargo es muy común en este como en otros casos, que se pida una eliminación de esas garantías de defensa, incluso del derecho a mentir que tan extraño y contradictorio pueda parecer. A nosotros nos llega la información que nos llega, muchas veces hasta escogidamente, y con eso nos sentimos con el derecho a otorgar y retirar razones, derechos y culpabilidades, cuando tenemos todo un sistema sofisticado, experimentado, profesionalizado y contrastado para la resolución de estos problemas. Haciendo una comparativa con cuestiones científicas, estamos haciendo algo muy parecido a los defensores charlatanes de la homeopatía CONTRA la medicina farmacológica. No digo nada de los que la puedan defender en otros términos.
Y al final hay un efecto rebote, creo yo, mucho más pernicioso. Una cosa es apoyar a una víctima y otra cargar contra todo un sistema y una sociedad, acusándola de mil perrerías porque reconoce los derechos de unos acusados antes de que se dicte sentencia. Y tanto es así que por querer tumbar sus absurdos intentos de alegación de eximentes, la víctima no solo los tiene que aguantar durante el proceso, sino que además los verá reproducidos, analizados y manoseados en cien mil redes, medios, perfiles, debates... sujetos a la opinión de cualquiera que lo considere... Se está entrando al debate en plaza pública de los detalles más escabrosos de la defensa haciéndole, creo yo, flaco favor a la agredida y sus allegados que tendrán que afrentar estas disquisiciones allá donde vayan.
Yo he intentado no leer muchas noticias por no entrar en los detalles más sensacionalistas de un caso así, pero al final aunque sólo sea a base de titulares y proclamas, te acabas enterando de más de lo que te gustaría. Yendo más allá en el análisis, mucha gente se ha lanzado a justificar la situación de la víctima, admitiendo los argumentos de la defensa como si estuvieran probados y, de manera implícita, dándolos por ciertos. Esto es mucho más grave de lo que pueda parecer.
Considero que estas situaciones merecerían una reflexión mucho más madura y teniendo en cuenta el origen de los hechos y los argumentos, de dónde vienen y qué validez tienen. Este tipo de reacciones las entendería anta una sentencia, pero nunca de los argumentos de una defensa que no deberíamos ni conocer. De hecho (hablo sin saber) nada me extrañaría que haya sido filtradas por el entorno de la misma con esta intención.
Mis mayores deseos de reparación y justicia. Un jarrón pegado nunca será como antes de romperlo, pero que no se destroce más ni les salga gratis a los culpables.

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